ESCRITO POR: DAVID SCHMIDTH
“Mi amiga me dice que hay una
casa aquí en Ensenada, no muy lejos de esta colonia.
En esa casa espantan. Entras a la
casa de día y no ves nada. Puedes cerrar la casa bien, cerrar las ventanas, las
puertas, encerrarte bien allá adentro de la casa. Pero no importa—siempre
aparecen los chaneques allá adentro de la casa. Es que ellos siempre están allá
adentro. Si te quedas en esa casa de noche, se te van a figurar. Se te vean a
aparecer los chaneques—esos duendes chiquitos que van corriendo por la casa. Tú
los vas a ver si te quedas allá adentro toda la noche—o los verás, o oirás las
pisadas de sus pequeños pies. Van corriendo por la casa toda la noche.
Dicen que la casa está a un lado
del panteón. Yo creo que es por eso que espantan en esa casa…”
-Habitante de la Colonia 89 de
Ensenada, B.C.
Les aseguro que, hasta la fecha, no me atrevo a entrar a la casa que se
menciona arriba. Algún día les juro que lo haré—y en cuanto lo haga, publicaré
un texto al respecto.
No es que crea precisamente que podría ver algo—es que creo en la
posibilidad de ver algo. Y lo que más miedo me da es la posibilidad de toparme
con algo que no se limite a las leyes de este mundo físico. Toparme con un
fenómeno que pueda superar cualquier frontera material para espantarme es una
posibilidad que me parece sumamente tenebrosa.
El temor a lo invisible—a lo que no es algo físico, a lo “sobrenatural”,
a los aires malignos—es un tema común en muchas leyendas de miedo en este
mundo. También es algo que sirve como inspiración para las mejores películas de
terror. Las películas de horror que resultan más “chafas” son, siempre, las que
no saben aprovecharse de este temor.
Presento, para su consideración, dos películas—una mexicana y una
gringa—que hacen buen uso del elemento de lo desconocido e invisible. La cinta
mexicana de El
Libro de Piedra [hyperlink: http://es.wikipedia.org/wiki/El_libro_de_piedra_(pel%C3%ADcula_de_1968)
] provoca tanto miedo precisamente por el hecho de que, a lo largo de la
película, los espectadores no vemos el peligro. Se hace referencia a la
presencia maligna, al mal, al enemigo, pero no lo vemos. Podemos ver los
efectos de lo que hace, podemos ver su forma de afectar a la personaje
principal y a sus padres, pero en la mayoría de las escenas no vemos el “ente”
que amenaza el bienestar de la familia.
La película de EEUU que se titula “Actividad Paranormal”
(Paranormal Activity) [hyperlink: http://es.wikipedia.org/wiki/Paranormal_Activity
] provoca un efecto parecido. Resulta tenebrosa precisamente por el hecho de
que la pareja de jóvenes no entiende de dónde viene la amenaza, la fuerza
maligna que pretende amedrentarlos. Podría estar en cualquier lado. El espíritu
oscuro que los hostiga no se limita a las barreras de este mundo físico. Las
secuelas posteriores a dicha película resultan mucho menos eficaces
precisamente por el hecho de que se recurran a los elementos hollywoodenses más
comunes—hay un personaje físico que trae consigo el mal, por lo tanto se pierde
el elemento de sorpresa, suspenso y misterio.
Volveremos a la misma cuestión de los “espantos invisibles” con respecto
a los relatos de chaneques—pero en futuros textos. Muchos perciben a los
chaneques con la misma postura que se reserva para otros “seres invisibles”—los
espantos, los fantasmas, La Llorona, los espíritus, las apariciones…en fin,
todos los seres que salen en los relatos durante esta temporada que acaba de
pasar, la “temporada de muertos” o “temporada de brujas”.
Pero hay una buena cantidad de relatos de chaneques que, a pesar del
hecho de que provoquen mucho miedo en la persona que los cuente, parecen no
tratarse de seres que son exclusivamente espirituales.
Parecen tratarse de seres físicos. Consideremos estos relatos en los
siguientes textos…
RELATO DE CHANEQUES DE LA COSTA
CHICA DE OAXACA:
“Ay, David, no sabes el miedo que
me dio cuando vimos los chaneques aquella vez. Iba yo caminando con mi hermana
por el bosque. Habíamos ido al río para traer agua a nuestra choza. Cuando
íbamos caminando por el campo, mi hermano dijo, ‘A mí no me dan miedo esos
chaneques. Qué me importa si se nos aparecen aquí mismo.’
Y en ese momento yo miré hacia
atrás y vi varios chaneques que nos venían siguiendo. La que estaba más cerca
de mí me miró, después miró hacia mi hermano. Y le señaló con la cabeza, así,
moviendo la cabeza para arriba y para abajo, como amenazando a mi hermano, como
afirmándole que efectivamente el chaneque sí existía…
Y nos fuimos corriendo para nuestra
casa.”
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